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Mar 13

El pequeño bombero

Cuentan que en una ciudad de Phoenix, Arizona, una joven madre de 26 años se quedó silenciosa mirando el rostro de su pequeño hijo que padecía de leucemia terminal. Como cualquier madre, deseaba que su chico creciera y realizara todos sus sueños, pero ahora ello no era posible. No obstante, como ella deseaba a toda costa que los anhelos de su muchacho se realizaran, tomó la mano del pequeño y le preguntó: –Jorge, ¿alguna vez pensaste en lo que deseabas ser cuando crecieras?. El chico contestó: -Mami, siempre quise ser bombero cuando fuera grande. La mujer sonrió y dijo: –Veamos si podemos hacer realidad tu sueño. Ella se dirigió entonces a la estación de bomberos y habló con Bob, un hombre de corazón tan grande como el mundo entero. Le explicó lo que su hijo quería y le preguntó si podrían ayudarle. Él contestó: –Mire, tenga a su pequeño listo el miércoles a las siete en punto de la mañana y lo nombraremos “Bombero Honorario” durante todo el día. Él puede venir  con nosotros a la estación, salir cuando recibamos llamadas de incendio o de ayuda. Si usted nos da sus medidas, le haremos un verdadero uniforme de bombero. Todo eso lo conseguimos acá, así que para el miércoles ya estará listo. Tres días más tarde, Bob recogió a Jorge en el hospital, le puso su traje de bombero y lo llevó a la unidad. Lo montaron en la parte trasera del camión, que ayudó a conducir. Salió todas las veces que hubo una llamada de auxilio. Lo sentaron en todos los carros y hasta le hicieron un reportaje para la televisión local. El chico se creía en el cielo. Habiendo hecho realidad su sueño, el muchacho logró vivir tres meses más de lo que cualquier médico había pronosticado. Una noche, todas las señales vitales comenzaron a decaer drásticamente y el jefe de enfermería comenzó a llamar a todos sus familiares. Luego recordó que Jorge había sido bombero honorario, así que llamó al jefe de la estación para que enviaran a un bombero uniformado al hospital. El superior dijo: – Haremos algo mejor. Estaremos allí en cinco minutos. Cuando escuchen las sirenas no se asusten. Informen que el cuartel de bomberos va a visitar a uno de sus miembros más queridos y, por favor, ¿podrían abrir la ventana de su cuarto?. Al poco rato, seis bomberos entraron en la habitación de Jorge por la ventana y lo abrazaron con amor, diciéndole cuanto le amaban. Con aliento agonizante el chico dijo al oficial: -Jefe, ¿soy ahora un bombero de verdad?. El jefe respondió. –Sí señor, claro que lo es. Con esas palabras, Jorge cerró los ojos por última vez.

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